viernes, 25 de mayo de 2012

A primera vista



Enamorarse a primera vista de alguien al que no conoces y que en realidad, no quieres conocer. Enamorarse de un gesto, de una mirada, de una sonrisa, de una palabra, de una apariencia, de una vida que te inventas, de una historia que no conoces, de una persona anónima, con sus problemas, sus defectos, sus virtudes y sus manías. Enamorarse por unos minutos y no volver a acordarte de aquel amor fugaz nunca jamás. Enamorarse de alguien al que nunca echarás de menos, del que no te preocuparás, del que no volverás a ver. Enamorarse en un autobús, en una biblioteca, en una tienda o en un bar. Enamorarse pierde el significado cuando hablamos de estos flechazos pasajeros comparables a una anestesia, que te dura unos instantes, pero que luego todo se va y no deja ni el mero recuerdo de su visita en tu interior. Enamorarse por culpa de una canción, de un día de muy buen humor, de un día soleado, de un día triste, de un día cualquiera, de una situación. Enamorarse del olvido, de lo imposible, de un sueño, de un conductor. Enamorarse de la voz de un mudo, de los ojos de un ciego, enamorarse de todo y al mismo tiempo de nada.

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