Encajar en tu sitio es fácil, encajar en un lugar no es difícil, pero encajar en más de tres sitios diferentes en un solo año es muy complicado.
El ir de un lugar a otro, aún siendo en el mismo país, te coarta de hacer amistades duraderas, de echar raíces, de tener un hogar adornado con recuerdos y momentos vividos en él, de aburrirte de tu ciudad... De todas esas cosas de las que no nos damos cuenta hasta que por casualidades de la vida, aparece alguien que con sus vivencias te abre los ojos, y piensas en lo que supone ser un nómada en la sociedad de hoy en día, mientras todos los que te rodean son sedentarios, de costumbres y de raíces.
Será por eso que hay que abrir un poquito más los brazos cuando llega alguien nuevo a nuestro entorno, en vez de ponerle obstáculos, de negarle la entrada en nuestro círculo de amistades, en nuestro pequeño mundo sedentario, en nuestra suerte, en nosotros. Y lo más triste, negándole la oportunidad de que se lleve allí a donde llegue un pedazo de ti, de tú forma de ser, de una buena reflexión, un buen chiste, cualquier cosa que haga que te recuerde, y viceversa también pasa.
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