Fue ese deseo de que todo lo que sonaba por ese teléfono no fuera cierto, una broma de mal gusto, una confusión. Algo en mi me decía que no, que mis esperanzas no eran ciertas, que no había nada de mentira en todo lo que oía.
La noticia se extendió por toda la casa, cada vez todo parecía más real, pero aún así, seguía teniendo una mínima esperanza, no estaba asimilado.
Llegamos, caminamos rápido, en silencio, con la mirada entretenida buscando algo, ¿el qué?, no preguntéis, no lo sé, quizás algo o alguien que me dijera si estaba equivocada o no, algo que me hiciese ver dónde estaba, por qué estaba allí, alguien que me resolviera todas las dudas, bueno, es que no lo sé.
Entras, ves mucha gente, personas que no conoces, que no sabes si conoces o simplemente que si quiera reconoces. Tiras pa' delante, empujas si hace falta, muchos te tocan, te paran, te abrazan, pero pierdes muy pocos instantes en compartir una mirada que tiene de todo menos serenidad.
Al final, consigues llegar al final, encuentras parte de lo que buscabas, pero sigue faltándote algo, ese algo que no tendrás nunca.
Y así, poco a poco, lo vas entendiendo, y ala, la primera vez, por desgracia, de muchas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario